Pali Aike: Encontrarse a uno mismo

Nov.29.2018

En nuestro recorrido por Chile, hemos tenido la oportunidad de visitar distintos parques nacionales. A partir de este periplo nos hemos percatado de dos grandes formas de aproximación a la naturaleza en su estado primigenio. La primera forma se vive en lugares protegidos caracterizados por el constante estímulo que ofrece su geografía, flora y fauna. En ellos la experiencia está centrada en provocaciones externas que despiertan la vista, reviven el olfato y sacuden el oído. El constante canto del chucao en el Queulat, Torres del Paine con sus portentosos accidentes geográficos o la frondosidad del Alerce Andino son ejemplos de este tipo de vivencia. La segunda forma, en cambio, se desarrolla en aquellos parques que propician la experiencia inversa, es decir, un encuentro hacia el interior.

De estos, el Parque Nacional Pali Aike, ubicado en la Región de Magallanes y Antártica chilena, es el prototipo mejor resguardado. El panorama a primera vista da cuenta de un entorno marcado por la desolación, concepto con que la poeta y Premio Nobel Gabriela Mistral titulara su primer libro que nace de su temporada en la Patagonia chilena. Entre las milenarias rocas de material volcánico aparece el silencio iluminador y el viento frío que nos hace regresar a nuestros orígenes en el descampado. Así, libres de excesos, volvemos a experimentar ese sublime vacío que nos cuesta escuchar en el día a día y que, en lugares como este, invita a mirar el paisaje y a encontrarnos con nosotros mismos.

Columna de Carolina Baez y Francisco Martinovich, creadores de Chile_oculto y colaboradores de Amigos de los Parques